Las noches oscuras del discípulo

Mi Maestro, sé que usted no me quiere perfecta. Conoce mejor que yo cuáles son los rincones oscuros de mi corazón. Conoce el camino que he recorrido  y también sabe cuánto me falta por caminar. Usted no pide que yo sea perfecta pero me sabe perfectible. Dios le envió para que me recordara el camino; que llegar a Él es lo único verdadero. Usted vino por gente como yo, imperfecta; aprovecha mis errores para que yo mejore; me reprende cuando me salgo del carril. 

¿Qué cómo sé que me descarrilo? Pues mi malestar así lo indica. ¡Cuánto me duele y  fallarle, Maestro; cuánto aterra fallarle a un Dios tan bueno! Cada vez que mis debilidades humanas brotan es una señal que me alerta que debo redoblar mis esfuerzos por seguirle, Maestro. La verdad: sería más cómodo abandonar, hacerme que nada ha pasado porque transitar este camino hacia Dios no es fácil de aguantar. No es fácil ver de frente mis "indignituras" (o como el  Maestro me ha enseñado, mis personalidades heribles); resultaría más fácil esconderlos, que nadie los vea, ni siquiera yo misma.

Se estudia las enseñanzas, se viven en carne propia, se cae, se buscar fuerzas para pararse, se cae, se vuelve a poner de pie, se corrige, se vuelve a las enseñanzas... y así vamos. Todo esto no está exento de dolor, de hecho duele muchísimo y muchas acompañado de vergüenza profunda.

¿A quién le gusta verse las costuras? ¿A quién le gusta fallar? ¿A quién le resulta resulta cómodo salir de los límites auto impuestos? ¿A quién le gusta despojarse de la máscara? A veces es tan duro seguir las enseñanzas que pareciera que la humanidad puede llegar a  ganarle la batalla al espíritu. 

Cuando se cree haber alcanzado un peldaño, hay que ir más allá. Ningún logro es para atesorarlo, ni contemplarlo, ni mucho menos apegarse a ello; cada peldaño alcanzado en esta vida es para ser trascendido. Se nos enseña a trascender la parte física, la mente, las emociones y las energías; lo confieso, estos últimos son los que más le cuestan a mi humanidad. 

Definitivamente, no hay camino fácil; sólo queda el intentarlo una y otra vez; pararse una y otra vez, las veces que sean necesario, agarrado de Usted, apoyadándome  en las enseñanzas, sometiendo mi humanidad. Las noches oscuras dan miedo pero más miedo da defraudar a Dios y alejarme de mi Maestro.

Namasté.

Mâtâ-Lakmī-putrî

Comentarios

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Namasté. Qué maravilloso escrito, Mâtâ-Lakṣmī-putrî. Quizás para algunos podrá llegar a ser dificil comprender lo que plasmas aqui... Somos aún muy humanos, y eso nos hace fallar; pero se sigue esforzando a pesar de...

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    1. Namasté, Gabriela. Así es, como tú dices, se sigue haciendo el esfuerzo a pesar de...

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